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Jorge Corrales Quesada.

1. VENEZUELA ESTÁ ENCARANDO UNA CATÁSTROFE FINANCIERA DESBORDADA

Por Emily Skarbek, Foundation for Economic Education Miércoles 10 de febrero del 2016

A menudo los economistas quieren aislar preguntas en torno a la deuda pública y analizarlas como si no estuvieran en juego consideraciones de elección pública. Tal vez menos estudiadas son las formas en que las prácticas del manejo de la deuda, ejercen presión sobre las instituciones políticas formales.

Si usted desea entender qué es lo que está pasando en Venezuela en la actualidad, usted no lo puede hacer sin mirar ese nexo de política y economía.

Para la gente común y corriente que vive en Venezuela, la situación es sombría. Tal como lo reporta The Economist, las filas para obtener alimentos empiezan a las 3 a. m., con la posibilidad real de que no quede nada para aquellos que se encuentran al final de la fila. Y las colas van creciendo en longitud y violencia.

Los salarios reales cayeron un 35% el año pasado, el 76% de los venezolanos es ahora pobre, el suministro de medicinas ha caído a una quinta parte de su nivel normal.

“El gobierno ha reconocido que en los 12 meses que terminan en setiembre del 2015, la economía se contrajo un 7.1% y la inflación fue de 141.5%. Incluso Nicolás Maduro, el desafortunado heredero y sucesor de Chávez, llamó “catastróficas” a estas cifras.

El FMI piensa que peores cosas sobrevendrán: estima que la inflación aumentará un 720% en este año [2016] y que la economía se encogerá un 8%, después de contraerse un 10% en el 2015. El Banco Central está imprimiendo dinero para cubrir gran parte del déficit fiscal de alrededor del 20% del PIB.”

En un estudio del caso de Venezuela que comprende desde 1984 al 2014, Reinhart y Santos examinan la relación entre deuda interna, represión financiera y vulnerabilidad externa. El artículo empieza con una narrativa de la evolución de la deuda interna y de la externa de Venezuela, en ese período.

“A pesar de los precios del petróleo desorbitados desde el 2006 al 2013, la deuda externa de Venezuela se elevó de US $26.9 a US $104.3 miles de millones. No obstante, el gobierno central sólo explica más o menos una quinta parte de dicho incremento.

La diferencia, US $60.9 miles de millones (un 78%), se debió a prácticas habituales de la revolución bolivariana y fue emitida por empresas de propiedad del estado y el relativamente nuevo Fondo Común China-Venezuela (FCCV). El FCCV es un vehículo todo propósito, que permite a Venezuela desembolsar de una línea de crédito rotatoria en el Banco de Desarrollo de China, a cambio de envíos futuros de petróleo.

La deuda interna en moneda nacional también ascendió, pasando de 36.298 millones de bolívares (VEF) en el 2006 a 420.502 millones en el 2013. El incremento nominal de un 1.060% (una tasa anual promedio del 42%), se compensó parcialmente por un aumento acumulado de los precios del 528% (o una tasa anual promedio del 30%), reduciendo el incremento acumulativo en la deuda doméstica real a cerca del 85% (o sea, un 9% anual).

Durante gran parte de ese período, la combinación de controles del tipo de cambio y topes a los intereses, creó una audiencia doméstica cautiva para la deuda interna del gobierno, a pesar de tasas de intereses reales ex post notoriamente negativas. Las pérdidas significativas impuestas sobre los tenedores de bonos se escalaron con el paso de tiempo, debido a una inflación que se aceleró.”

A diferencia de la deuda denominada en moneda extranjera, la deuda en moneda doméstica puede ser reducida mediante la represión financiera (esto es, impuestos sobre tenedores de bonos y ahorristas, al generarse tasas de intereses reales negativas). Reinhart y Santos encuentran que la “tasa impositiva” de la represión financiera es significativamente más alta en años de controles cambiarios y de imposición legal de topes a las tasas de interés. En Venezuela, el “recorte” a los depositantes y tenedores de bonos, mediante tasas de interés ex post reales negativas, ha excedido del 30% anual, en diversas ocasiones.

Confiscar la riqueza de aquellos responsables del ahorro de capital puede parcialmente aliviar en el corto plazo al stock de deuda doméstica, pero a expensas de estimular la fuga de capitales y minar cualquier idea de confianza en instituciones económicas básicas.

El artículo documenta que la fuga de capitales ha sido una característica crónica de la economía venezolana, “representando en promedio al 4.7% del PIB a la tasa oficial de cambio y del 7.1% del PIB a la tasa de cambio del mercado paralelo, a la vez que se ha trasladado un 17.2% del total de las exportaciones.”

Con cualesquiera sean los datos, los controles de cambio han demostrado no ser efectivos en reducir la fuga de capitales. De hecho, “cuando se miden como porcentaje del PIB a la tasa de cambio del mercado paralelo, la tasa de fuga de capitales resultó ser significativamente más alta en años con controles (8.0% versus 5.2%).

A Hayek esto no le sorprendería. Durante su carrera profesional aseveró que una política monetaria desastrosa compromete al estado a tomar medidas que debilitan el funcionamiento apropiado del mercado. A fin de combatir la inflación, los estados intentarán imponer controles ulteriores, “que no sólo hacen que el mecanismo de mercado sea totalmente inefectivo, sino que también hace inevitable una dirección centralizada siempre creciente de toda la actividad económica.”

En Venezuela, Chávez convirtió a lo que serían frenos y contrapesos del estado -la Corte Suprema y la autoridad electoral- en extensiones del poder ejecutivo. Atiborró a la Corte y luego ésta quitó a aquellos diputados necesarios para que la oposición tuviera la mayoría de dos terceras partes, necesaria para cambiar la constitución.

El presidente Nicolás Maduro parece estar preparado para continuar la represión y el control de precios, al llamar ladrón al dueño de la mayor empresa privada de Venezuela y responsabilizarlo en público de la pésima condición económica del país.

Tal vez parezca apropiado que haya sido en una Conferencia de la Sociedad Mont Pèlerin en Caracas, cuando Hayek con famosa ironía expuso que:

“Ahora tenemos a un tigre agarrado de la cola: ¿Cuánto tiempo más podrá continuar esta inflación? Si se suelta al tigre (de la inflación), él nos comerá; aun si él sale corriendo más y más rápido, en tanto que desesperadamente nos resistimos, ¡aun así estamos acabados!

Estoy contento que no estaré allí para ver el resultado final...”

Emily Skarbek es una Académica en Economía Política del King’s College de Londres y administra sitios en EconLog. Su sitio en la red es EmilySkarbek.com. Sígala en Twitter en @EmilySkarbek.

2. Cifras de Venezuela, Facebook 15 Abril 2016.