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Socialcristianismo en Costa Rica.

Cuarto artículo de la serie.

La dignidad del ser humano en el socialcristianismo es central. El ser humano no está supeditado a nada, el Estado está en función del individuo. El Estado socialcristiano sirve y protege la libertad del individuo. El socialcristianismo custodia a ese individuo de los excesos de otros individuos, empresas, sindicatos o del Estado en su accionar. El ser humano no es sujeto de alienación

Socialcristianismo. Conclusiones.

Algunos costarricenses perciben el socialcristianismo como extrema derecha por ser antítesis del marxismo y sus derivaciones. En realidad la oposición contra la doctrina social de la Iglesia católica deriva del hecho de que el socialcristianismo es profundamente democrático y bajo su régimen las elecciones populares son concebidas como un voto para cada ciudadano mayor de edad y se ejerce plenamente en diversidad de partidos y opciones. No es un régimen totalitario de partido único.

En realidad el discurso contra el socialcristianismo obedece a que es una herramienta social para lograr cuatro elementos básicos en una sociedad: primero, para colocar la dignidad, libertad y preeminencia del ser humano creado a imagen de Dios antes que cualquier partido, líder iluminado, o del Estado mismo. Segundo, para buscar el bien común estableciendo relaciones de equilibrio, respeto, justicia y bien entre las personas. Tercero, para crear una relación de solidaridad entre las personas sin menoscabo de su libertad, de sus vocaciones o iniciativas libres. Cuarto, para atender las necesidades de los más pobres y de los más necesitados de educación y de trabajo, sin aplastar a quienes tienen, a quienes ya disfrutan del bienestar que se desea dar a toda una colectividad. No es acabando con los exitosos como se promueve a los menos favorecidos.

El socialcristianismo no promueve la creación de pobreza al nivelar para abajo y empobreciendo a todos. El socialcristianismo busca de manera clara que cada individuo despegue sostenidamente en su economía y en su vida familiar. Nunca ha buscado confiscar de unos para dar a otros. Ha buscado y alcanzado relaciones equitativas y justas. Busca claramente repartir riqueza produciendo más, no repartir pobreza repartiendo lo que hay entre todos.

La gran diferencia del socialcristianismo con quienes tienen a la mano soluciones totalitarias para los problemas que ambos procuran resolver es que el socialcristianismo no suprime la libertad para resolver los problemas sociales, más bien usa la libertad para resolver los mismos.

La dignidad del ser humano en el socialcristianismo es central. El ser humano no está supeditado a nada, el Estado está en función del individuo. El Estado socialcristiano sirve y protege la libertad del individuo. El socialcristianismo custodia a ese individuo de los excesos de otros individuos, empresas, sindicatos o del Estado en su accionar. El ser humano no es sujeto de alienación.

El bien común es trascendental en un sistema socialcristiano y para la vida en comunidad. El individuo y sus relaciones deben ser de equilibrio, respeto, justicia y bien. Las relaciones no pueden ser despiadadas ni de explotación. El bien común pasa por el respeto al individuo y sus derechos humanos e inalienables. El bien común estimula la autorrealización, las vocaciones e iniciativas individuales, descansando en todas las condiciones que faciliten y permitan el ejercicio de la libertad. Para decidir entre intereses en conflicto está el Estado para proveer su percepción del bien común. No hay que olvidar que cuatro ejes son las bases del socialcristianismo. Primero, las condiciones sociales deben ser de libertad, justicia y paz. Segundo, en comunidad el individuo debe tener acceso a los elementos que permitan su desarrollo, educación, trabajo, casa, alimento, libre información y ética cristiana robusta deben ser incentivados y supervisados por el Estado.

Tercero, solo si hay justicia, equidad y paz en la asignación social de los frutos del trabajo en una comunidad es posible el desarrollo. La profundización de las diferencias en educación, ingreso, riqueza y oportunidades hará colapsar la libertad y la iniciativa del individuo, colapsando el sistema democrático. Cuarto, finalmente la comunidad requiere una organización social adecuada que permita elegir con libertad a los mejores, decidir en los órganos del Estado con rapidez y precisión, actuar con diligencia y justicia y materializar las decisiones tomadas con presteza.

La solidaridad social da cohesión a la comunidad. “Todos somos en verdad responsables de todos…” Juan Pablo II. Una comunidad socialcristiana es estructurada sobre la dignidad especial del ser humano y no hay seres humanos más dignos que otros. La institucionalización de la solidaridad es una marca socialcristiana.

La opción preferencial por los pobres así enunciada en Medellín, es la razón de ser del socialcristianismo. No es la atención que aliena libertad e individualidad. No es la atención que masifica y proletariza. Es la atención que busca que cada quien tenga educación, trabajo y salario justo buscando su sostenibilidad en el tiempo con libertad.

El socialcristianismo es una de las más serias y trascendentales doctrinas de la humanidad.

Emilio R. Bruce

Profesor

ebruce@larepublica.net

Tercer artículo de la serie.

“No es un sentimiento de vaga compasión o de ternura superficial por los males de tantas personas, cercanas o distantes. Por el contrario, es la determinación firme y perseverante de trabajar por el bien común: o sea por el bien de todos y cada uno porque todos somos en verdad responsables de todos”. Juan Pablo II. Encíclica Sollicitudo rei socialis. 1987

¡Solidaridad!

El socialcristianismo establece la responsabilidad de la solidaridad social en las comunidades que gobierna. Nada más sencillo de enunciar y nada más complejo que ir construyendo. El individualismo y el egoísmo corren fuertísimos en la humanidad y el sentido de desprendida solidaridad resulta particularmente difícil de despertar y de inducir en un conjunto humano. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguno decir: ese no es problema mío? ¿Cuántas veces ante la solicitud de ayuda en recursos o actividad personal hemos recibido por respuesta: otro día, ahora no? En el socialcristianismo se valoran la compasión y la ternura de las gentes, pero se promueve de manera institucional, consciente y deliberada la determinación firme y perseverante de trabajar por “el bien de todos y cada uno, porque todos somos en verdad responsables de todos”.

La construcción de una sociedad socialcristiana pasa de manera planeada por la instauración de la solidaridad entre los componentes sociales de una comunidad. No es que no se valore la iniciativa individual, la libre interacción económica, ni el libre albedrío, la libertad de disentir y de opinar. Es que una sociedad socialcristiana debe ser estructurada sobre la dignidad especial del ser humano, la noción y prevalencia del bien común y la solidaridad.

Una sociedad institucionalmente solidaria es más fuerte, más orientada a la búsqueda de soluciones de bien común y menos dejadas en manos de la iniciativa individual y la casualidad, ocurrencia o generosidad públicas. La red de seguridad social que genera y protege a todos, porque en verdad todos somos responsables de todos, es suprema.

El señor arzobispo de San José monseñor José Rafael Quirós Quirós afirmó: “Es hora de iniciar un diálogo de altura donde se anuncie respeto por la persona y su dignidad. Las polarizaciones nunca llegan a buen término…” Y es que si todos somos responsables y solidarios con todos y nuestra solidaridad debidamente institucionalizada se ejerce con rigor ya no depende la solución de los problemas comunitarios de la vaga compasión o de ternura superficial por los males de tantas personas, cercanas o distantes.

Quien fuera en vida el arzobispo de San José monseñor Román Arrieta Villalobos, tenía una frase popular y pegajosa sobre la solidaridad socialcristiana:

“O nos unimos o nos hundimos”.

Ser parte de una comunidad nos hace también parte de problemas pero nos hace aún más parte de las soluciones a esos problemas de la comunidad, siempre en observancia de los pilares de respeto a la dignidad del ser humano individual, a su libertad, a su criterio, vocación y naturaleza, con observancia al principio de bien común y en espíritu activo de solidaridad. Una sociedad humanista y sensible, una sociedad iluminada por los principios socialcristianos siempre habrá de enfrentar sus problemas con solidaridad y desarrollar sus soluciones con atención a ella.

Emilio R. Bruce

Profesor

ebruce@larepublica.net

Segundo artículo de la serie.

“Para hacer plenamente justicia a los demás hay que ponerse en su sitio, comprender sus razones y necesidades…”. Alberto Hurtado, sacerdote chileno.

Socialcristianismo. ¡El bien común!

Ya hemos comentado cómo la dignidad del ser humano y su posición central en toda organización social y económica, rodeado de libertad y de justicia, es un pilar fundamental del socialcristianismo. Hoy queremos intentar referirnos al segundo gran pilar de esa concepción política, económica y social: el bien común.

No es fácil definir el bien común, es quizás más sencillo intuirlo. Muchas veces el bien común puede afectar, limitar o condicionar al ser humano individual, centro de la creación, por lo que debe haber un delicado equilibrio entre ambos conceptos. El bien de todos, el bien común a todos y la dignidad, así como la libertad del ser humano individual deben encontrar el equilibrio sin que el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios sea disminuido o se vea subordinado a la masa, al estado, al partido, al líder o a la comunidad. Si bien la libertad y la dignidad del individuo no pueden ser menoscabadas, también es cierto que las relaciones entre individuos deben ser de equilibrio, respeto, justicia y bien. Las relaciones no pueden ser despiadadas ni de explotación.

Así el bien común no resulta de la voluntad individual, pero tampoco el bien común es fruto de mayorías, ya que los valores humanos y la especial dignidad del ser humano están por encima de estos conceptos electorales.

¡El pecado no se transforma en virtud por votación mayoritaria! El bien común pasa por el respeto al individuo. El bien común determina que los gobernantes respeten los derechos fundamentales e inalienables de este individuo. La comunidad debe permitir que los individuos realicen su vocación y ejerzan su iniciativa creadora. El bien común va a descansar en todas las condiciones que faciliten y permitan el ejercicio de la libertad del ser humano que es básica para desarrollar sus vocaciones y su naturaleza.

Corresponde a los gobernantes decidir entre los diferentes intereses individuales para proveer el bien común, y facilitar a todos lo necesario para que los seres humanos de esa comunidad tengan alimento, vestido, salud, trabajo, educación, cultura, información y condiciones para fundar una familia y criarla. Finalmente es fundamental dejar establecido y recordar los cuatro ejes en que se asienta indudablemente el bien común.

El primer eje se define como las condiciones sociales de justicia, libertad y paz. Son la justicia, la libertad y la paz las bases de la convivencia productiva. En injusticia, opresión y guerra no es posible desarrollar una convivencia social provechosa. Cualquiera que falle desequilibra la base.

El segundo eje lo podemos visualizar como el conjunto de bienes materiales básicos, material educativo y valores éticos que permitan al ser humano su desarrollo. Sin casa, comida, transporte, educación, libre información y una robusta ética cristiana que permita diferenciar el bien del mal, que pueda orientar la promulgación de las leyes e inspirar la organización social, la cosa no va a funcionar. No puede haber una convivencia razonable en una comunidad como la nuestra sin que estén presentes todos estos elementos.

El tercer eje señala que no hay desarrollo, paz ni justicia si no hay equidad en el reparto de los bienes producidos en una comunidad. Las diferencias en la capacidad de producción generan a su vez diferencias en el ingreso recibido y en la riqueza acumulada por cada individuo. Si las diferencias se ensanchan el sistema colapsa. Un sistema que no sea proveedor de progreso para todos y que motive a todos en producción y vida no tiene más horizonte que el colapso.

El cuarto eje nos señala que ninguna comunidad puede vivir sin una organización social adecuada. Un sistema que guarde los procedimientos y las formas más que los objetivos y los logros va a colapsar. Un sistema que no tenga mecanismos decisorios claros y efectivos va a implosionar. Un si